Rest@ur@ntes con encanto, recet@s, vinos, músic@, series, pelis... y, sobre todo, g@n@s de compartir con tod@s mi pasión por la buena mesa.
Un ch@puzón en la variopinta infinid@d del oceano músico-gastronómico.
m@rí@g@stronomí@
m@rí@g@stronomí@; un viaje gastromusical, o musicogastronómico..., o de que por mucho que os cuente, mejor que lo veáis por vosotr@s mism@s:
Tanto tiempo pasando a su lado y por fin me fijo en él, recordando la recomendación de un gran gastroafionado, me pica la curiosidad y echo el ancla en un clásico de mi zona; el restaurante A Cabana.
El local se halla situado en la desembocadura de la ría de Betanzos, en A Coruña y, como se puede observar, regala a sus comensales unas vistas maravillosas.
Salpicón de Colitas de Cigala.
Solomillo, Foie y si, demasiadas patatas...
Escribiré poco sobre sus maravillosas vistas y sus sabrosas viandas; por que he de centrarme en su inmensa bodega repleta de interesantes referencias a precios irresistibles. Una carta con los mejores vinos gallegos y del resto del mundo, culpable junto a la amable atención y a un apasionado sumiller, de que esté deseando volver a bucear en su bodega.
Milhojas de mousse de Queso fresco y Membrillo.
Lo veis en la imagen de arriba; me bebí un Laurent Perrier Brut L.P. y no se los años que llevaba este maravilloso vino en la bodega, pero tras unas 8 horitas, el corcho aún no ha recuperado su forma de seta. ¿Mal síntoma?, pues excelente resultado; para nada falto de carbónico y a partir de la segunda copa, enormemente expresivo. Un champagne de corte clásico a base de Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunier que, sin alejarse mucho de la bollería y fruta blanca, exhibe notas de orejón y algo de cítrico; así que, sin perder peso, resulta fresco.
Habrá más capítulos sobre este restaurante, así que esto puede considerarse como una especie de episodio piloto de una gran serie. Enoaficionados del mundo; disponéos a que se os alarguen los dientes y se os caiga la baba, por que mi golosía límite, me empuja a reinar subiéndome al trono de A Cabana.
Rey por un día, tonto para toda la vida es el título traducido al castellano. de uno de los grandes discos de Faith No More. Del mencionado album se extraen maravillas como la que os dejo en el final musical de este post:
A Cabana.
Carretera Coruña-Ferrol
Bergondo, A Coruña
Tras el post interruptus dedicado a contar mi experiencia en La Molinera, retomo la trilogía de Menús Cañón con uno de los top de mi periplo como incansable comensal. Sin notas y a lo loco, trataré de transmitir lo sucedido hará ya unos 3 meses, en este renombrado restaurante sito en el bello Sant Pol de Mar.
Allá sucedíó una celebración que resultó en una EXPERIENCIA GASTRONÓMICA de esas que se escriben con mayúsculas; en la que todos los elementos se conjugan y los astros se alinean para que unos afortunados comensales se maravillen de ver que las gastroescaleras de color existen si se apuesta fuerte, se es constante y finalmente, la suerte lo permite.
La experiencia en Sant Pau había comenzado meses atrás, se acrecentó con un viaje a BCN Alimentaria y fue tomando forma durante toda una jornada:
Una muy bien aprovechada mañana de feria, el viaje a Sant Pol de Mar, la llegada al hotel-escuela situado a escasos minutos del restaurante -todavía tengo las vistas grabadas en la retina-, el tranquilo paseo hasta el templo de Ruscalleda, los nervios previos a la entrada al restaurante revoloteando en el estómago...
Todo ello desembocó en la plácida entrada en la imponente sala y culminó en una cena gloriosa.
La elegancia y la sencillez envuelven este local de ensueño; un espacio acogedor, donde no hay lugar para la estridencia ni el mal gusto. No me parece exagerado decir que el servicio es sencillamente perfecto y disponen de una bodega hecha a su medida, sin caer en los llamativos excesos , en cuanto a referencias, de los que algunos estrellados son víctimas.
Sobre mi, el peso de escoger los vinos que acompañarían el menú y que el resto de la mesa juzgarían sin piedad. Airos@s salimos, gracias a la ayuda del sumiller, que nos dispensó un alarde de profesionalidad, amabilidad y saber estar. La atención es remarcable; no creo que exista nada más allá en cuanto al servicio que un restaurante puede ofrecer a sus visitantes; destaca en cuanto a la atención, destrezas, sosiego, y elegancia. Elegante con la medida justa en las distancias, sin caer en lo impersonal... sinceramente, me faltan palabras, no hallo descripción más justa que el ánimo y la consciencia a disfrutarlo para quienes visiten el restaurante.
La ayuda a la hora de escoger los vinos y pasear nuestros paladares por Jerez, Francia, Navarra, Cataluña, Mallorca... ... el hecho de haber avisado en el ecuador del menú que uno de los comensales cumplía años y que hayan improvisado una impecable tarta, cuidadosamente emplatada ante nuestra agradecida mirada, son detalles que engrandecen una experiencia hasta que la insistencia a que los aficionados os dejeis caer por Sant Pau y vivir algo realmente especial.
Manzanilla, Chenin Balnc, Colección Chivite una suerte de maravilloso vino similar al Palo Cortado
producido en tierras catalanas -no olvidemos que también elaboran grandes Brandys-, Ánima Negra, Subtil de Recaredo... dar notas de cada uno, haría esto tan interminable como parasea describir plato por plato. Decir, eso si, que fue el menú degustación aquí descrito que rayó a mayor altura durante su total extensión; un menú equilibrado, consciente de su entorno tanto en productos como en preparaciones.
Democráticamente se optó por el menú degustación y unánimenmente, se decidió aumentarlo para probar las espardeñas; marisco que en esa zona trabajan de modo habitual, siendo por estos lares un gran desconocido. Nadie se arrepintió.
Croqueta de Shittake
Fina coca de perejil, tomate, almendra...
Vainas con Romescu. Ni más ni menos que deliciosas.
El foie más refinado de cuantos disfruté, guisantes que sin ser lágrima hicieron que casi se nos saltasen las lágrimas, la carne más elegannte que recuerdo haber zampado, un postre llamado OLIVES e-x-c-e-p-c-i-o-n-a-l, pettit fours de -real- alta repostería... Además de la NULA necesidad de recurrir al trampantojo y hacer disfrutar a los comensales de una cocina de proximidad, de enorme producto, cuidadoso tratamiento y elaboración y sabor, mucho sabor. Quienes hayan calificado la cocina de Carme Ruscalleda como excesivamente sutil, no creo que hayan probado este menú, ni alguno similar.
Podrían salvar se ser un manjar celestial la, eso si, coqueta y resultona croqueta de shiitake y, por supuesto el pan. El rape estaba algo parte de fuerza para mi paladar, pero no dejaba de estar presente en un plato bien acabado de impecable rebozado, punto y guarnición...
EL Foie.
Sepia guisantes.
Las espardeñas
Rape rebozado con su higado.
Alcachofas de vairas maneras & Cigalas
Guiso Marinero a base de Pan y Gambas.
Potro, verduritas, colmenilla y jugos divinos.
Queso San Jorge elaborado con L. C. combinado con calabacín y almendras.
Chocoplátano.
Chocolivas. Incorpora una coca memorable en textura y persistencia de sabor.
Todo esto, con el saludo de Carme en mesa, alguna parada para disfrutar del magnífico jardín-terraza disfrutando del trabajo del equipo, el cual sucedía tras un enorme escaparate con vistas a la cocina y el goce de saber que estábamos viviendo grandes momentos, de esos que se recordarán con gran regocijo.
Salimos los últimos y alguien en el grupo dijo que lo único mejor que ir a Sant Pau, había sido haber vuelto a Sant Pau.
No me canso de recordar grandes momentos, como no me canso de los múltiples trabajos del sr. Jack White, sus últimas ediciones en solitario son pura crema rockanrollera; así que os dejo con mi cargapilas oficial para este mes de julio. Os ponéis esto a un volumen bien alto, antes de salir para el curro y la cosa funciona mejor si o si:
*HABÍA AVISADO EN ALGUNA OCASIÓN, QUE SE GUARDABA ALGUNA ESTRELLA A MAYORES PARA CASOS EXCEPCIONALES Y APROVECHO PARA RECORDAR QUE SI HUBIESE HABLADO AQUÍ DE CIERTA EXPERIENCIA, LA COCINA TAMBIÉN HUBIESE LLEVADO 6 GOLOSAS ESTRELLITAS.
INTERRUMPO BREVEMENTE MI TRILOGÍA DE GRANDES MENÚS, CON UNA ENTRADA QUE DESEABA OFRECEROS DESDE HACE YA UNOS MESES: En Lalín, en plena época del cocido, me aCerqué a divertirme en La Molinera; un emblemático local conducido a día de hoy por una joven pareja de hermanos profesionales. Poco nos cuenta la entrada del local de lo que se cuece en sus fogones. Desde el más clásico de los cocidos a la cocina más contemporánea, ofreciendo además, menús degustación por encargo con una bodega breve, pero justificada con gratificantes pinceladas a cargo de grandes vinos gallegos -ver foto-.
Aceitunas gallegas Eidos de Iria, ¿aún no las habéis probado???
Disponen de un comedor tan amplio como clásico, que podría resultar frío de no ser por que dispensan una atención de primera, envuelta en un manto de amabilidad que, junto con las suculentas viandas que sirven, compensarán sobradamente la visita a La Molinera.
Como ejemplo, de esta corta presentación, dejo testimonio fotográfico de media ración de unas sabrosas croquetas -croquetazas- caseras, una ensalada de atún que maridó de muerte con mi elección de bodega y una carne de vacuno excepcional, poderosamente guarnecida.
En el caso del atún eché de menos, algo más de tiente con la vinagreta, un poco excesiva en cuanto a su potencia (para mi gusto) y en el caso de la carne flipé con unas patatas cocidas en agua de cocido y rematadas en freidora, además de una mostaza que alegraba el conjunto.
No os las perdáis!!!
Riéguese con buen vino y gócese con lujuria.
El cremoso de chocolate de postre, no dejó lugar a dudas de mi regocijo en la sabrosa cocina de La Molinera.
Chocoadicción saciada ;-)
En fin, como el vino que acompañó este improvisado menú, ya lo he comentado en alguna que otra ocasión, os dejo con un final musical dedicado a todos los que hacéis de vuestro oficio algo imprescindible; o sea que camareros y cocineros están excluidos. En mi caso, no soportaría este mundo sin un poco de buena música.
Vamos con uno que sabe hacerlo bien y que no necesita presentación:
Hace ya unos cuantos meses desde que el pasado mes de enero, me decidí a conocer la cocina que Rafa Centeno practica en el edificio del hotel Siete Torres de Vigo y poder así, disfrutar del trabajo de todo el equipo. Anticipo que los astros se alinearon y puedo decir, aún tras todo el tiempo transcurrido, que toqué el cielo.
El Siete Torres se halla en una de las zonas más tranquilas de la ciudad y dota al restaurante Maruja Limón de un amplio y discreto aparcamiento, además de una zona de terraza acristalada con una pequeña barra de aperitivos y espirituosos, en la cual yo disfruté del aperitivo previo a un glorioso menú.
No quiero publicar este montón de palabras e imágenes sin incidir en la pedazo selección musical que acompañó mi velada en Maruja Limón. Entré al restaurante y continué escuchando exactamente el mismo disco de Mike Stern, que escuchaba minutos antes de mi llegada en mi auto. Un disco glorioso de pe a pa, con sólos de batería incluído y a un volumen considerable, en un pedazo restaurante. Para que luego haya quien diga que el musiqueo no pega con los restaurantes gastronómicos. Pues con dos cojones, todo pega; así que este post lleva doble video musical y el primero lo protagoniza, como no; el inconmensurable MIKE STERN:
El servicio, joven y atento, se mueve en una sala pensada para que unas 30 personas disfruten de buena amplitud y comodidad en un espacio diáfano, tranquilo, equipado con menaje de primera y correctamente iluminado. Disponen de una buena carta de vinos, la cual exhibe dotes de selección más que de extensión; con joyas de nuestra tierra y demás latitudes. En cuanto a la carta de manjares; todos apetecibles, con posibilidad de pedir a la carta, o de escoger entre un par de menús degustacíón y gastronómico respectivamente. Vamos, que la puta hostia; hablando claro. Cada vez quedan menos sitios donde se pueda hacer esto y es una pena.
El día de autos, tenía intención de pedir a la carta; pero se dio el hecho de que los platos que había seleccionado, se hallaban dentro del menú y cambié de parecer. No puedo expresar cuanto me alegro; pero la verdad que no hubo ni un sólo plato que no fuese sobresaliente. Sabor, sabor y más sabor.
Debo señalar que el apartado pan, está bien cuidado; del mismo modo que el servicio del vino y ahora paso a contar lo que me han dado:
Cuando un menú comienza con una buena traca de aperitivos y todos están buenos, el comienzo ha sido grande. Si entre esos aperitivos se halla una crema de calabaza y unas puntillas de calamar M-E-M-O-R-A-B- L-E-S, se masca un ¡Bravo!
El Tartar de Ternera con queso curado de Arzúa-sin foto-, es una maravilla; no os lo perdáis.
Chicharrones; sobre una exquisita crema de patata, así de fácil y ¡que buenos!!!
Las vieiras hacen justicia a la buena fama del chef con el manejo de este producto. Increíbles; cosa fina, en serio.
El huevo frito de otra manera, con bechamel trufada y gambóm, ¿en serio tengo que explicarlo?. Un huevo cocido a baja temperatura, rebozado y frito, lo cual logra sublimar uno de los más exquisitos productos que nos brinda la naturaleza. Herencia culinaria -o al menos es a quien primero he visto elaborar algo similar- de Marcelo Tejedor.
Creo, de todos modos, que el sorpresón del menú, llegó de mano de este falso risotto. Falso, por que no se trata de arroz, si no de pasta y sorpresón por que elevó la palabra rico al máximo exponente.
La merluza en su punto tampoco defraudó.
La pieza de vaca con patata y mostaza estaba magnifica. Quizás me sobrase que la salsa fuese sometida a la técnica de la sferificación; pero supongo que a buena parte del público le hará gracia...
Los postres, precisas obras golosas, se encargaron de dejar el listón bien alto y no faltaron los petit fours para realzar el ritual del café.
El menú de 10 y algun@ se preguntará; ¿y el vino? El vino de 11. Tenía a Luís Anxo Rodriguez Vázquez en buena estima como viticultor; pues he disfrutado de muchos de los vinos que elabora. Desde ese día en Maruja Limón, lo tengo en un pedestal.
Entiendo la botella de A Torna dos Pasás Escolma de la que disfruté ese día, como uno de los grandes vinos del mundo. Todo lo que busco en un vino, se hallaba en aquella botella; sobre todo la característica más intangible y más importante; la ELEGANCIA. Si de verdad os gusta el vino, no busquéis más, nadie da tanto por tan poco.
Querid@s golos@s, deseo que también vosotr@as touch the sky; así que os dejo con una pieza de uno de los humanos más pieza que habitan el planeta; David Lynch. No tengo palabras, mirad el video y a ver si alguien se atreve a decir algo... Damas y caballeros; Pynky's Dream:
Hierro, piedra y madera reciben a los comensales que se aventuran a conocer la cocina de Luis Veira.
Árbore da Veira es un restaurante coruñés concebido para convertirse en un clásico del mañana; con un contenido número de mesas, dentro de un local impecablemente decorado, tenuemente iluminado y perfectamente equipado.
En dicho local tratan de ofrecer una experiencia en la que el tono de las festivas comidas familiares, con las agujas del reloj en pausa es parte infaltable a de lo que anuncia su oferta. Envuelto todo ello en una amalgama de lujo contemporáneo, con los materiales primarios arriba comentados (hierro, madera, piedra...). ¡Ojito a la vajilla!
O, al menos en mi caso, se ha entendido el anuncio de un concepto innovador con exclusividad, relax, quietud y trato personalizado como factores diferenciadores. Han logrado un concepto de alta restauración funcional y actualizado en un ambiente exclusivo a la par que acogedor, pero no el tono familiar y tranquilo que dicen perseguir. Esto es normal, salvo rarísima excepción, ese objetivo es inalcanzable. De todos modos, no nos engañemos, la clientela no persigue eso; salvo contadas excepciones...
Lujo, dinamismo -ritmo-, buena pitanza, buen trato y a buen precio; esto es lo que persigue dicha clientela. Referido, claro está, a los aficionados al buen comer y a la clientela que por otros motivos suele acudir a este tipo de establecimientos; pues ya se sabe que la hostelería es un océano que comienza en la áreas de servicio y acaba sabe Diós donde se abrirá el próximo MacAuto... Saber navegar en ese océano es cuestión de ética, acierto, experiencia y suerte...
Venden en Árbore da Veira dos menús degustación sin posibilidad de tomarse un primero y un segundo (carta); pero a una relación calidad/precio más que destacable. El servicio es atento y profesional, aunque es prisionero del concepto de negocio en el que les ha tocado habitar; poco tiempo para el mimo con tanto trajín de platos, cubiertos, copas, servilletas... Los profesionales de servicio que amen la interacción con el comensal... en fin, mejor no piso ese terreno; vivimos en el siglo XXI; no hay tiempo para nada y el que hay se gestiona en menesteres smartphonianos que no vienen al caso.
En lo tocante a la bodega, sin estar del todo mal, sencillamente, no da la talla o, por lo menos, no está a la altura.
Royos patateros, berenjenales y demás asuntos de la huerta aparte; esta entrada inaugura una trilogía de los tres menús más cundientes que me zampé en los últimos meses. Osea, que para formar parte de dicha trilogía he tenido que habérmelo pasado de rechupi pa riba y aviso que la cosa irá in crescendo en las dos entradas venideras.
Comienza el festival con un cocktail sólido emulando el mojito -ni fu ni fa- inaugurando una serie de snacks varios, más de la mitad de ellos, auténticas exquisiteces.
Ahora os atizo mi impresión del apartado snacks; es algo que entiendo más para una comida de primero y segundo. O sea, algo que la cocina pueda sacar rápido y que el comensal disfrute mientras la cocina se pone manos a la obra con los principales.
Pero atención, llega lo sublime; ¡el pan!!!. Esto, esto es pan y no lo que dan por ahí. Tenían de tres tipos; aunque nadie con dos dedos de frente los podría compaginar con tan opíparo menú. Nadie con dos dedos de frente, pero yo si; no me extraña que algún cliente intente que se lo vendan para llevar.
Y continua lo sublime con un calamar en tartar con helado de limón ahumado. Brutal y punto; me imagino recién levantada tras una calurosa noche de verano, desayunando un cuenco de esto con una copita de un cava bien fresco y me gusta lo que veo.
Crema de patata -¿o era coliflor???-con jurel marinado. Si habéis probado algo parecido, sabéis que haciéndolo bien no falla y claro; no fallaba, estaba de muerte.
Salmón y cía. Muy bueno, aunque excesivo el helado que lo acompañaba.
Foie y cereza, aunque lo llamen de otra manera. Está rico, pero me arrepiento de no habérmelo zampado de un bocado. ¡QUE BUENO ESTABA EL PAN!!!. Perdón, es que cada vez que me acuerdo...
Zamburiñas, patata trufada, caviar... ¡Quiero más! Plato perfecto y punto.
Espárragos y anchoas. Rico, muy rico, aunque no lo entendí, pero tampoco se si tengo que entenderlo.
Uno de esos tocacorazones importados de oriente. No se si el corazón, pero en mi boca se portó de maravilla. NOTA: Los fondos, fumets, caldos... de este menú, estaban, por lo general; de muerte.
Los berberechos ya os cuentan ellos como estaban...
El chipirñón en fondo de cebolla, puede que fuese reiterativo, pero es que el bicho estaba exquisito y el fondo para mojar PAN, PAANNNNN ¡Que bueno estaba el pan!
Anguilas con angulas. ¡Ala, sin mariconadas!. Potencia de la buena. Con un caldo para ser degustado a pequeñas caladas...
La merluza con repollo, estaba buena; pero no se si venía muy al caso. Creo que hubiese preferido haber pasado de este plato y que el arroz, tendones, cigala, fuese más abundante.
Un magnífico prepostre a base de queso y una bola de albaricoque, precedieron a un fastuoso hojaldre con crema de vainilla.
No me olvido de unos pettit fours memorables, acompañados de unos azúcares aromatizados que me parecieron un autobombo del todo prescindible. Buen café, eso si, además del buen recuerdo de este pedazo de menú, el trato recibido por el amable personal del Árbore da Veira y no se si me dejo algo...
...¡Ah SI, DEL PAN, EL PAN EL PAAAAAANNNNN!
¿Qué con que se maridó todo este batiburrillo de de platos?, pues tenían el Bolliger Spécial Cuvée Brut a buen precio y ya se sabe, no falla. Un espumoso francés gran reserva con bien de Pinot Noir que es oro puro, burbuja amable, repostería, frutos secos con frescor y sabor largo. Lo dicho, no falla.
Coloco el broche de oro a este extenso post con mi último gran descubrimiento; Likke Li y su Get Some. Saludos de vuestra gastroprostituta favorita ;-) yeahh