Hierro, piedra y madera reciben a los comensales que se aventuran a conocer la cocina de Luis Veira.
Árbore da Veira es un restaurante coruñés concebido para convertirse en un clásico del mañana; con un contenido número de mesas, dentro de un local impecablemente decorado, tenuemente iluminado y perfectamente equipado.
O, al menos en mi caso, se ha entendido el anuncio de un concepto innovador con exclusividad, relax, quietud y trato personalizado como factores diferenciadores. Han logrado un concepto de alta restauración funcional y actualizado en un ambiente exclusivo a la par que acogedor, pero no el tono familiar y tranquilo que dicen perseguir. Esto es normal, salvo rarísima excepción, ese objetivo es inalcanzable. De todos modos, no nos engañemos, la clientela no persigue eso; salvo contadas excepciones...
Lujo, dinamismo -ritmo-, buena pitanza, buen trato y a buen precio; esto es lo que persigue dicha clientela. Referido, claro está, a los aficionados al buen comer y a la clientela que por otros motivos suele acudir a este tipo de establecimientos; pues ya se sabe que la hostelería es un océano que comienza en la áreas de servicio y acaba sabe Diós donde se abrirá el próximo MacAuto... Saber navegar en ese océano es cuestión de ética, acierto, experiencia y suerte...
Venden en Árbore da Veira dos menús degustación sin posibilidad de tomarse un primero y un segundo (carta); pero a una relación calidad/precio más que destacable. El servicio es atento y profesional, aunque es prisionero del concepto de negocio en el que les ha tocado habitar; poco tiempo para el mimo con tanto trajín de platos, cubiertos, copas, servilletas... Los profesionales de servicio que amen la interacción con el comensal... en fin, mejor no piso ese terreno; vivimos en el siglo XXI; no hay tiempo para nada y el que hay se gestiona en menesteres smartphonianos que no vienen al caso.
En lo tocante a la bodega, sin estar del todo mal, sencillamente, no da la talla o, por lo menos, no está a la altura.
Royos patateros, berenjenales y demás asuntos de la huerta aparte; esta entrada inaugura una trilogía de los tres menús más cundientes que me zampé en los últimos meses. Osea, que para formar parte de dicha trilogía he tenido que habérmelo pasado de rechupi pa riba y aviso que la cosa irá in crescendo en las dos entradas venideras.
Comienza el festival con un cocktail sólido emulando el mojito -ni fu ni fa- inaugurando una serie de snacks varios, más de la mitad de ellos, auténticas exquisiteces.
Ahora os atizo mi impresión del apartado snacks; es algo que entiendo más para una comida de primero y segundo. O sea, algo que la cocina pueda sacar rápido y que el comensal disfrute mientras la cocina se pone manos a la obra con los principales.
Pero atención, llega lo sublime; ¡el pan!!!. Esto, esto es pan y no lo que dan por ahí. Tenían de tres tipos; aunque nadie con dos dedos de frente los podría compaginar con tan opíparo menú. Nadie con dos dedos de frente, pero yo si; no me extraña que algún cliente intente que se lo vendan para llevar.
Y continua lo sublime con un calamar en tartar con helado de limón ahumado. Brutal y punto; me imagino recién levantada tras una calurosa noche de verano, desayunando un cuenco de esto con una copita de un cava bien fresco y me gusta lo que veo.
Crema de patata -¿o era coliflor???-con jurel marinado. Si habéis probado algo parecido, sabéis que haciéndolo bien no falla y claro; no fallaba, estaba de muerte.
Salmón y cía. Muy bueno, aunque excesivo el helado que lo acompañaba.
Zamburiñas, patata trufada, caviar... ¡Quiero más! Plato perfecto y punto.
Espárragos y anchoas. Rico, muy rico, aunque no lo entendí, pero tampoco se si tengo que entenderlo.
Uno de esos tocacorazones importados de oriente. No se si el corazón, pero en mi boca se portó de maravilla. NOTA: Los fondos, fumets, caldos... de este menú, estaban, por lo general; de muerte.
Los berberechos ya os cuentan ellos como estaban...
El chipirñón en fondo de cebolla, puede que fuese reiterativo, pero es que el bicho estaba exquisito y el fondo para mojar PAN, PAANNNNN ¡Que bueno estaba el pan!
La merluza con repollo, estaba buena; pero no se si venía muy al caso. Creo que hubiese preferido haber pasado de este plato y que el arroz, tendones, cigala, fuese más abundante.
Un magnífico prepostre a base de queso y una bola de albaricoque, precedieron a un fastuoso hojaldre con crema de vainilla.
No me olvido de unos pettit fours memorables, acompañados de unos azúcares aromatizados que me parecieron un autobombo del todo prescindible. Buen café, eso si, además del buen recuerdo de este pedazo de menú, el trato recibido por el amable personal del Árbore da Veira y no se si me dejo algo...
...¡Ah SI, DEL PAN, EL PAN EL PAAAAAANNNNN!
¿Qué con que se maridó todo este batiburrillo de de platos?, pues tenían el Bolliger Spécial Cuvée Brut a buen precio y ya se sabe, no falla. Un espumoso francés gran reserva con bien de Pinot Noir que es oro puro, burbuja amable, repostería, frutos secos con frescor y sabor largo. Lo dicho, no falla.
Coloco el broche de oro a este extenso post con mi último gran descubrimiento; Likke Li y su Get Some. Saludos de vuestra gastroprostituta favorita ;-) yeahhCOCINA: *****
SERVICIO: ****1/2
LOCAL: ****1/2
BODEGA:**
PRECIO: ***
TOTAL: 19